Escrito por Carolina De Simone - ORILLA SUR
Una silla, una tarima y cinco testimonios, reconstruyen una tragedia en Las Hebras del Tapiz.
Albina, una joven en busca de futuro, llega al viejo bar donde se ahogan las gargantas y los artistas buscavidas echan anclas. Es en este bar, y no en la iglesia o en la plaza, por donde pasa la vida en el pueblo.
Un legendario y preciado tapiz yace bajo el poder de la Leona, una arrabalera femme fatal, de esas con miles de amantes y ninguna alianza, quien administra la cantina junto a su socio Hugo, personaje que tanto se hace sentir en su ausencia. El valor de este tapiz se encuentra en su compleja hechura. Las hebras de oro entrelazadas unas a otras forman un entramado tan complejo como vulnerable: si tan sólo una de ellas se rompiese, el tapiz se desarmaría por completo.
Los artistas comienzan a llegar tras la buena nueva de la reapertura del bar. Sin embargo, su llegada no es sólo fama y carisma para el escenario: una mezcolanza de pasiones y secretos arriban de la mano de un dúo de cantantes con un repertorio compuesto por una sola canción y la famosa mujer barbuda medicada por su locura crónica. Codiciado por muchos, el tapiz se vuelve el denominador común entre los personajes que conviven en el bar. El misterio flota en el aire, desatando la locura hacia un trágico final irremediable.
La historia es contada a partir del interrogatorio llevado que se le hace a cada uno de los personajes, hecho que provoca el traslado temporal hacia el misterioso pasado que recae en sus espaldas. La obra brilla por sus actuaciones. La tensión y el suspenso son llevados de forma increíble hacia el estallido de la risa, gracias al perfil caricaturesco que le otorgan los actores a la obra. La música en vivo genera un clima especial, caracterizando a los personajes como a cada escena, volviéndolos únicos.
Tan únicos como cada hebra del afamado tapiz, que como se predijo, al caer uno, caerá todo.
Foto: Santiago Davico
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